
La diáspora venezolana continúa enfrentando enormes desafíos, y uno de los más alarmantes es su creciente exposición a la trata de personas. La periodista Gabriela Buada, directora de la organización Caleidoscopio Humano, alertó sobre el riesgo constante que enfrentan quienes han abandonado el país en busca de mejores condiciones de vida. Esta realidad afecta especialmente a mujeres, menores de edad y personas en situación de vulnerabilidad, quienes son blanco frecuente de redes de tráfico y explotación.
Éxodo masivo y rutas peligrosas
Desde el inicio de la crisis humanitaria en Venezuela, más de siete millones de ciudadanos han dejado el país, según cifras aportadas por organizaciones internacionales. Este fenómeno ha generado una ola migratoria sin precedentes en la región, obligando a miles de familias a emprender caminos inseguros, cruzando fronteras sin la protección adecuada.
En este contexto, muchos migrantes son captados mediante ofertas laborales falsas o promesas de estabilidad que terminan siendo trampas para la explotación. La desinformación y el desconocimiento de los riesgos aumentan la posibilidad de caer en redes delictivas especializadas en la trata de personas.
Víctimas invisibilizadas
Un seminario realizado en la Universidad Católica Andrés Bello reveló datos preocupantes: entre 2019 y 2023 fueron rescatadas más de 4.700 venezolanas —incluyendo niñas y adolescentes— que habían sido víctimas de diversas formas de explotación.
Las modalidades más comunes van desde el trabajo sexual forzado hasta la explotación en minería ilegal, mendicidad, matrimonios precoces, producción de pornografía y, en casos extremos, tráfico de órganos. Estas prácticas representan graves violaciones a los derechos humanos y configuran un patrón sistemático de violencia contra poblaciones vulnerables.
Factores de riesgo y grupos prioritarios
El Informe Mundial sobre Trata de Personas 2024, elaborado por la ONU, señala que en Centroamérica y el Caribe más del 80 % de las víctimas identificadas fueron mujeres, niñas y adolescentes. Esta estadística refleja la dimensión de un problema que afecta especialmente a quienes enfrentan discriminación de género y exclusión social.
Gabriela Buada también destacó que los adultos mayores, personas LGBTIQ+ y menores que migran sin compañía están especialmente expuestos a caer en manos de grupos criminales. Estas personas, por su situación precaria y falta de redes de apoyo, son fácilmente manipulables y explotables.
El llamado a la prevención y protección
Frente a esta grave situación, diversas organizaciones defensoras de derechos humanos insisten en la necesidad de establecer políticas regionales de protección, cooperación transfronteriza y acceso a información segura para los migrantes. Además, se requiere mayor visibilización del fenómeno y mecanismos eficaces de denuncia y rescate de víctimas.
La lucha contra la trata de personas pasa por reconocer las condiciones estructurales que la facilitan y promover medidas que prioricen la seguridad y dignidad de quienes se ven forzados a abandonar su país de origen.


