Colombia, en la mira de Trump: crece el temor por posibles acciones militares bajo el pretexto antidrogas

◉ El presidente de EE. UU. endurece su ofensiva antidrogas y pone a Colombia en la mira, acusando al gobierno Petro de ser un 'nido del narcotráfico'

Colombia, otrora socio estratégico de Estados Unidos en la lucha antidrogas, ha pasado en cuestión de meses a ser señalada como un “nido del narcotráfico” por Donald Trump, quien, desde la Casa Blanca, ha endurecido su discurso al punto de incluir al país en la lista de posibles escenarios de intervención militar.

En medio de una escalada retórica sin precedentes, las declaraciones del mandatario y de varios de sus aliados republicanos han encendido las alarmas diplomáticas y militares en la región, reavivando temores sobre una posible expansión de las operaciones que ya se ejecutan en el Caribe y el Pacífico.

Del aliado histórico al enemigo en la narrativa trumpista

Durante décadas, Colombia fue considerada el principal socio regional en la guerra contra las drogas. Sin embargo, el discurso de Trump ha transformado esa relación en una confrontación directa.
El mandatario estadounidense declaró recientemente que el país sudamericano “es una guarida del narcotráfico” y acusó a su presidente, Gustavo Petro, de ser “un matón y un líder del narcotráfico”.

Trump argumenta que Colombia “produce cocaína a niveles nunca antes vistos” y ha advertido que, si su gobierno no logra frenar la situación, Estados Unidos actuará unilateralmente.

Este cambio de tono responde, según analistas, a un giro político y militar dentro de la administración republicana, que ahora interpreta la lucha antidrogas no solo como un asunto de seguridad interna, sino como una guerra hemisférica que justifica el uso de la fuerza.

Las señales de una posible intervención

En los últimos días, se han confirmado bombardeos estadounidenses en el Pacífico, cerca de las costas colombianas, y otro en el Caribe contra una embarcación presuntamente vinculada al ELN.

Aunque la Casa Blanca sostiene que se trata de “operaciones contra el narcotráfico”, diversas fuentes militares citadas por medios estadounidenses advierten que los preparativos podrían extenderse a acciones terrestres.

El senador republicano Lindsey Graham, uno de los más cercanos a Trump, confirmó en una entrevista con CBS que el presidente planea informar al Congreso sobre “posibles operaciones militares futuras contra Venezuela y Colombia”.

Graham aseguró que la decisión se enmarca en la aplicación estricta de la Doctrina Monroe, que históricamente ha servido para justificar intervenciones estadounidenses en América Latina.

“El objetivo final —dijo el senador— es garantizar que Venezuela y Colombia no sigan envenenando a Estados Unidos con drogas”.

La declaración fue interpretada por expertos como la primera confirmación pública de una intención de acción militar en suelo colombiano, algo que no ocurría desde los años ochenta.

El discurso del enemigo y la política del miedo

Trump ha tejido una narrativa en la que Colombia y Venezuela comparten la responsabilidad del “envenenamiento” de Estados Unidos.
Bajo esta lógica, el mandatario busca consolidar apoyo político interno apelando a un mensaje de fuerza y nacionalismo: combatir los carteles más allá de las fronteras.

Fuentes cercanas al gobierno estadounidense indicaron al Washington Post que Trump cree tener autoridad legal para extender la ofensiva militar a tierra firme, incluso sin aprobación del Congreso.

La comparación con las invasiones de Panamá (1989) y Granada (1983) no es casual: el presidente republicano ha citado ambos precedentes como ejemplos de “acciones efectivas” contra gobiernos que consideraba amenazas a la seguridad estadounidense.

Un escenario regional en tensión

La retórica estadounidense se da en un contexto geopolítico cada vez más volátil.
Trump ha retirado la ayuda económica a Colombia, ha incluido a Petro en la Lista Clinton, y ha ordenado el retiro de su visa diplomática, en un intento por aislarlo internacionalmente.

Simultáneamente, la presencia militar estadounidense en el Caribe ha alcanzado su punto más alto en décadas, con destructores, aviones de combate y portaaviones en maniobras de “vigilancia estratégica”.

Fuentes diplomáticas advierten que cualquier acción militar en Colombia, por limitada que sea, rompería décadas de cooperación bilateral y generaría una crisis de seguridad regional con consecuencias impredecibles.

El riesgo de una ruptura histórica

La posibilidad de que Colombia pase de ser un socio a convertirse en un objetivo militar marca un punto de inflexión en las relaciones entre Washington y Bogotá.

El discurso de Trump, cada vez más beligerante, apunta a consolidar su imagen de líder implacable frente al narcotráfico, aunque el costo sea la desestabilización de una región históricamente aliada.

Mientras la Casa Blanca guarda silencio oficial, los movimientos en el Caribe y las declaraciones de sus voceros revelan un patrón preocupante: la guerra contra las drogas podría convertirse en una guerra contra gobiernos enteros.

Colombia, que alguna vez fue presentada como ejemplo de cooperación, hoy enfrenta la posibilidad de ser tratada como enemiga.

Y, en medio de esta nueva tormenta diplomática, el país se debate entre la soberanía nacional y la sombra cada vez más cercana de una intervención extranjera con pretexto antidrogas.

Con información de El Tiempo

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