Venezolanos en Colombia celebran el Nobel de Machado y exigen libertad para presos políticos

◉ Frente a velas encendidas y banderas tricolor, decenas de migrantes se congregaron en diferentes puntos de Bogotá, Medellín y Cúcuta

La noche del sábado, un grupo de venezolanos residentes en Colombia se reunió para conmemorar el Premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado, líder de la oposición venezolana, y al mismo tiempo exigir la liberación de los presos políticos detenidos en su país. El encuentro, que combinó momentos de oración con llamados a la acción, reflejó la mezcla de emoción, fe y reclamo que caracteriza a una comunidad que no olvida sus raíces ni el sufrimiento de quienes permanecen tras las rejas por razones políticas.

Oración, aplausos y consignas por la libertad

Frente a velas encendidas y banderas tricolor, decenas de migrantes se congregaron en diferentes puntos de Bogotá, Medellín y Cúcuta. Con carteles que decían “Justicia para los inocentes” y “Venezuela no se rinde”, los asistentes elevaron plegarias por la libertad de los detenidos y por el restablecimiento de la democracia en su nación.

“Hoy celebramos un reconocimiento mundial a la lucha pacífica de María Corina, pero también recordamos a los que siguen encerrados por pensar diferente”, expresó una de las organizadoras, quien prefirió no revelar su nombre por temor a represalias contra sus familiares en Caracas.

El ambiente fue de celebración y reflexión. Mientras algunos coreaban consignas, otros permanecían en silencio, sosteniendo fotografías de activistas y militares presos. El acto concluyó con el canto del himno nacional, interpretado entre lágrimas por varios de los asistentes.

Un Nobel que reaviva la esperanza

El galardón concedido a Machado parece haber encendido una chispa de esperanza entre los venezolanos en el exilio. Muchos ven en el reconocimiento internacional una oportunidad para visibilizar las violaciones de derechos humanos cometidas por el gobierno de Nicolás Maduro.

“Este Nobel no es solo para ella, es para todo un pueblo que ha sufrido persecución, hambre y destierro”, declaró Luis Martínez, un joven que emigró hace cinco años. Para él, el premio representa una señal de que “el mundo está mirando a Venezuela con ojos de justicia”.

Los organizadores aprovecharon el encuentro para recordar los casos de presos emblemáticos, como el del periodista Roland Carreño y varios dirigentes estudiantiles encarcelados sin juicio. También mencionaron las denuncias de torturas y desapariciones forzadas documentadas por organismos internacionales.

La diáspora se mantiene activa

Con más de 2,8 millones de venezolanos viviendo en Colombia, la diáspora se ha convertido en un actor social y político de creciente influencia. A pesar de las dificultades económicas y del proceso de integración, muchos continúan organizando actividades en defensa de la libertad y la democracia en su país natal.

Asociaciones de migrantes, grupos religiosos y plataformas civiles trabajan en conjunto para mantener viva la causa venezolana en territorio colombiano. “No queremos quedarnos de brazos cruzados”, explicó la vocera de una fundación de refugiados. “Nuestros compatriotas siguen siendo perseguidos, y nuestra voz fuera de las fronteras también cuenta”.

Reacciones y ecos políticos

El evento también tuvo un trasfondo político y simbólico. Los participantes destacaron que, mientras el mundo celebra el Nobel de Machado, dentro de Venezuela continúa la represión contra los disidentes. “Celebrar la paz no puede significar olvidar la injusticia”, afirmó un asistente, aludiendo a los cientos de detenidos que aún esperan juicio.

Analistas consultados sostienen que este tipo de manifestaciones reafirman la conexión emocional entre la diáspora y la oposición interna, y podrían ejercer presión diplomática sobre los gobiernos latinoamericanos para exigir mayores garantías de derechos humanos.

Una causa que trasciende fronteras

Al cierre de la jornada, los organizadores encendieron una vela por cada preso político identificado en las listas de ONG venezolanas. “Cada llama representa una vida que no debe ser olvidada”, expresó una de las participantes.

Entre cánticos, abrazos y lágrimas, los exiliados reafirmaron su compromiso de mantener la esperanza viva y seguir denunciando las violaciones de derechos en su país. “Venezuela nos duele, pero también nos une”, concluyó uno de los asistentes.

Para esta comunidad, la noche no fue solo una celebración del Nobel de la Paz, sino también una vigilia por la justicia y la libertad, un recordatorio de que la lucha por los derechos humanos continúa, aun lejos del hogar.

 

Con información de AP

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