
La frontera entre Venezuela y Colombia continúa siendo un espacio marcado por el tránsito constante de personas que buscan un nuevo comienzo o que, tras un largo recorrido fuera del país, deciden regresar. En la ciudad de San Antonio del Táchira, la Casa de Alojamiento Temporal Esperanza Venezuela se ha convertido en un punto clave para atender esta movilidad humana que no cesa.
Allí confluyen historias de partida y retorno, especialmente en una temporada donde, según los encargados del centro, el flujo de quienes vuelven supera al de quienes emprenden el viaje hacia el exterior. La realidad migratoria se manifiesta a diario en los pasillos de este refugio, donde la atención humanitaria se traduce en descanso, alimento y acompañamiento.
Un refugio en medio del tránsito fronterizo
Ubicada en el municipio Bolívar, la Casa de Alojamiento Temporal Esperanza Venezuela funciona como un espacio de acogida para personas en situación de movilidad. El centro es gestionado de manera conjunta por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Diócesis de San Cristóbal, una alianza que ha permitido sostener programas de atención integral a lo largo de los años.
De acuerdo con fuentes vinculadas a la institución, el movimiento ha sido constante durante las últimas semanas. A diario, más de 50 personas ingresan al albergue para recibir apoyo en áreas esenciales como salud, alimentación y hospedaje temporal, con una estadía que puede extenderse hasta tres noches. Este acompañamiento resulta fundamental para quienes llegan agotados tras largas caminatas o trayectos irregulares.
Más retornos que salidas en diciembre
Uno de los aspectos que más llama la atención del personal del centro es el cambio en la dinámica migratoria durante el mes de diciembre. Tradicionalmente asociado a desplazamientos hacia el exterior, este periodo muestra ahora una tendencia distinta: el retorno.
“En esta fecha son más los que regresan que los que están dejando el país”, explicó una fuente consultada. Muchos de los migrantes que vuelven lo hacen tras enfrentar dificultades económicas, laborales o emocionales en los países de destino. Otros buscan reencontrarse con sus familias durante las festividades, aun cuando las condiciones internas siguen siendo complejas.
Jóvenes caminantes y rutas a pie
La presencia de jóvenes caminantes en la frontera colombo-venezolana es otro rasgo que se ha vuelto recurrente. Muchos de ellos recorren largos tramos a pie, cargando mochilas ligeras y con recursos limitados. Algunos parten con la esperanza de encontrar oportunidades fuera del país; otros regresan tras no lograr establecerse en el extranjero.
Estas travesías, marcadas por el cansancio y la incertidumbre, hacen que espacios como la Casa Esperanza Venezuela resulten vitales. Allí, los caminantes encuentran un lugar donde detenerse, alimentarse y recibir atención básica antes de continuar su trayecto.
Atención humanitaria más allá del hospedaje
El trabajo que se realiza en el albergue va más allá de ofrecer un techo temporal. Los equipos de atención brindan orientación, primeros auxilios, acompañamiento psicosocial y, en algunos casos, información sobre rutas seguras y servicios disponibles tanto en Venezuela como en Colombia.
Este enfoque integral busca dignificar la experiencia migratoria y reducir los riesgos asociados a la movilidad irregular. La coordinación entre organismos internacionales y actores locales ha permitido responder de manera más efectiva a las necesidades de una población vulnerable y diversa.
Dos décadas de presencia de la OIM en el Táchira
La labor actual se inscribe en una trayectoria más amplia. La OIM celebró recientemente 20 años de presencia en el estado Táchira, tiempo durante el cual ha desarrollado múltiples programas dirigidos a personas migrantes y retornadas. Estos esfuerzos han acompañado distintos momentos del fenómeno migratorio venezolano, adaptándose a los cambios en los flujos y en las motivaciones de quienes se desplazan.
Los programas incluyen asistencia directa, fortalecimiento institucional y apoyo a comunidades receptoras, reconociendo que la migración impacta tanto a quienes se movilizan como a los territorios que los reciben.
La frontera como espacio de encuentro
San Antonio del Táchira no es solo una línea divisoria entre dos países. Es un espacio de encuentro, despedida y reencuentro, donde convergen expectativas, frustraciones y esperanzas. Cada persona que cruza los puentes internacionales lleva consigo una historia distinta, pero comparte la necesidad de apoyo en algún punto del camino.
La constante llegada de migrantes a la Casa de Alojamiento Temporal Esperanza Venezuela refleja una realidad compleja y dinámica. En esta temporada, el retorno gana terreno frente a la salida, evidenciando que la migración no es un proceso lineal, sino un ciclo marcado por decisiones difíciles. En medio de ese movimiento, la labor humanitaria en la frontera del Táchira continúa siendo un pilar esencial para ofrecer alivio, orientación y, sobre todo, un espacio de esperanza a quienes transitan entre el ayer y el mañana.
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Con información de La Nación




