
La luz de las velas volvió a encenderse en la frontera. Este lunes, decenas de familiares de colombianos detenidos en Venezuela se reunieron en el puente internacional Simón Bolívar con fotografías, pancartas y un mismo ruego: que sus seres queridos sean incluidos en el proceso de excarcelaciones que, según el Gobierno venezolano, ya suma 116 liberados. La escena —rostros impresos en el piso, manos temblorosas encendiendo mechas, lágrimas contenidas— resume una ansiedad que crece desde que Caracas empezó a anunciar salidas de prisión en medio del reacomodo político posterior a la caída de Nicolás Maduro.
Mientras las autoridades hablan de listas y medidas, las familias siguen sin certezas: esperan nombres, fechas y, sobre todo, señales de que no quedarán relegadas en una negociación que hasta ahora ha priorizado casos de alto perfil y extranjeros.
Una vigilia como frontera emocional
Bajo la consigna “Acompaña a los familiares de los presos políticos”, los manifestantes ocuparon un tramo del corredor binacional que conecta Cúcuta y Villa del Rosario con San Antonio y San Cristóbal. No fue una protesta de gritos, sino de silencio: velas alineadas, retratos extendidos y miradas clavadas en el lado venezolano como si el asfalto pudiera abrir una puerta.
La demanda se concentró en 19 colombianos que, según sus parientes, permanecen encarcelados desde hace años bajo acusaciones que consideran fabricadas. La escena se repite desde inicios de enero, cuando familiares de esos detenidos regresaron al mismo puente para exigir su liberación y aprovechar el foco internacional abierto por los acontecimientos en Caracas.
“Un sistema judicial arbitrario”: la denuncia que no se apaga
Javier Giraldo habló en nombre de los presentes. Su relato se apoyó en un argumento que aparece una y otra vez entre familiares: que existe un patrón de imputaciones similares —“terrorismo”, “traición a la patria”, “espionaje”— aplicado como libreto para sostener detenciones prolongadas. Según explicó, su padre, también llamado Javier, de 70 años, permanece recluido en Rodeo II con problemas de salud que agravan la urgencia del caso.
En la vigilia también estuvo Sandra Castaño, madre de Brandon Josué, preso desde hace seis años y condenado por “espionaje”, cargo que su familia rechaza. Su testimonio, quebrado por el llanto, mezcló fe y agotamiento: la esperanza de un abrazo próximo y el peso de una ausencia que ya se volvió rutina.
Rodeo II, una cárcel con señalamientos persistentes
La mención de Rodeo II no es menor. El complejo penitenciario Rodeo I, II y III, ubicado en el estado Miranda, arrastra denuncias reiteradas sobre condiciones de reclusión degradantes. Organizaciones y familiares han señalado episodios de maltratos durante requisas, destrucción de pertenencias y restricciones que afectan la alimentación y el contacto con allegados.
Ese historial es el que alimenta el miedo de quienes, desde Colombia, no solo piden libertad, sino garantías mínimas para quienes continúan tras las rejas. El deterioro de salud, en ese marco, deja de ser un detalle y pasa a ser un reloj.
Excarcelaciones anunciadas y cifras en disputa
La vigilia ocurre mientras el Gobierno venezolano asegura que 116 personas han sido excarceladas, según un comunicado del Ministerio de Servicios Penitenciarios.
Sin embargo, la oposición agrupada en la Plataforma Unitaria Democrática ha sostenido que el número de liberaciones confirmadas sería menor, y distintas organizaciones de derechos humanos reclaman listados claros, verificación independiente y transparencia sobre los criterios.
En la frontera, esa disputa estadística se siente como algo íntimo: cada cifra puede significar una puerta abierta o un nuevo silencio. Para los familiares, no es una contabilidad política; es una pregunta concreta: “¿Está el nombre de mi hijo, mi padre, mi esposo?”
Voces venezolanas que cruzan el puente
La concentración también sumó apoyo de ciudadanos venezolanos. Diomira Becerra cruzó la frontera para respaldar el reclamo y recordó casos de condenas severas, incluso contra adolescentes, como muestra de la dureza judicial que denuncian los manifestantes. Su presencia subrayó un dato clave: el dolor no reconoce nacionalidad cuando las prisiones se convierten en herramienta política.
Una lista pendiente en medio de la incertidumbre
Las velas del puente Simón Bolívar encendieron una imagen potente: familias aferradas a una posibilidad en medio de excarcelaciones “a cuentagotas”. Con 116 liberaciones anunciadas por el Gobierno venezolano y números discutidos por oposición y activistas , la frontera exige que los 19 colombianos no queden fuera del gesto de apertura.
Por ahora, la vigilia no ofrece certezas, pero sí una presión sostenida: en el lado colombiano del puente, las familias siguen esperando que la próxima lista no sea una promesa, sino un llamado con nombres propios.
Con información de EFE


