Reconstrucción sísmica en Venezuela exige reforzar las inspecciones y el cumplimiento de las normas

El experto japonés afirma que el país cuenta con ingenieros y profesionales capacitados para el trabajo de resiliencia y reconstrucción tras el desastre, pero el gobierno no hace inspecciones y no dispone de la maquinaria y recursos para llevar a cabo estas labores

La reconstrucción sísmica en Venezuela debe reforzar las inspecciones de obras, garantizar el cumplimiento de las normas y mejorar la capacidad técnica para demoler edificios peligrosos, según el ingeniero estructural Hideki Kit Miyamoto. El especialista sostiene que el país cuenta con profesionales capacitados, pero necesita más maquinaria, supervisión y controles que aseguren una correcta ejecución de los proyectos.

Miyamoto llegó a Venezuela después de los terremotos del 24 de junio de 2026 como parte de una misión internacional dedicada a evaluar los daños y apoyar las primeras etapas de recuperación. El equipo concentra buena parte de su trabajo en La Guaira, una de las regiones más golpeadas.

El ingeniero ha participado en la respuesta posterior a más de 100 desastres alrededor del mundo. Su experiencia incluye los terremotos de Haití, China, Nepal, Ecuador, México, Indonesia y Turquía, además de proyectos relacionados con estructuras patrimoniales en Italia.

Como fundador y director ejecutivo global de Miyamoto International, dirige una empresa especializada en ingeniería estructural y reducción del riesgo. La firma afirma que sus equipos han evaluado más de 600.000 edificaciones dañadas y colaborado en la reconstrucción de unas 50.000 estructuras.

En Venezuela, Miyamoto trabaja con entre 80 y 100 ingenieros nacionales e internacionales. La mayoría pertenece al talento local, mientras aproximadamente una docena procede de países asiáticos.

El especialista considera que Venezuela posee suficientes conocimientos de ingeniería para afrontar la recuperación. Sin embargo, advierte que la falta de equipos especializados y las debilidades en la inspección complican el avance, especialmente en edificios altos o parcialmente colapsados.

Reconstrucción sísmica en Venezuela entra en una etapa técnica

El equipo completó una primera evaluación rápida para determinar la viabilidad de recuperar las construcciones afectadas. Ahora recopila información detallada sobre las demoliciones y la remoción de escombros que requieren los edificios colapsados o en peligro de caer.

Miyamoto explicó que su grupo evaluó aproximadamente 6.000 inmuebles con financiamiento del Departamento de Estado de Estados Unidos. El análisis buscó identificar cuáles necesitan demolición, cuáles admiten reparaciones y cuáles conservaron buenas condiciones.

Los resultados distribuyeron las construcciones en tres grupos de proporciones similares. Cerca de 2.000 presentan daños graves, colapsaron o se encuentran próximas a caer. Otras 2.000 pueden repararse, mientras unas 2.000 no muestran deterioros importantes.

Esta clasificación permite ordenar la respuesta. Las autoridades pueden priorizar la demolición de estructuras peligrosas, iniciar proyectos de rehabilitación y autorizar el uso de los espacios seguros.

El diagnóstico no siempre resulta sencillo. Algunas viviendas pequeñas conservan una apariencia estable desde la calle, pero presentan daños considerables en paredes, columnas, escaleras o conexiones internas.

Los equipos deben ingresar a cada inmueble para completar la revisión. Una observación exterior puede pasar por alto grietas, desprendimientos o deformaciones que comprometen la seguridad.

La Guaira concentra una parte importante del trabajo. Según datos atribuidos al Sistema de Coordinación de Respuesta ante Desastres de la NASA en el texto original, los terremotos dejaron más de 6.000 fallecidos y afectaron o destruyeron 58.870 edificaciones en la región.

La magnitud de esas cifras convirtió a la entidad en el centro de una operación que combina inspecciones, limpieza y planificación urbana. Cada fase requiere coordinación entre los ingenieros, las comunidades y los organismos gubernamentales.

El suelo representa uno de los factores que explican la intensidad de los daños. Miyamoto identificó una capa profunda de terreno blando capaz de amplificar el movimiento sísmico.

Las construcciones altas pueden responder con mayor sensibilidad a ese comportamiento. Por esa razón, algunos edificios grandes y formalmente construidos sufrieron daños severos, sobre todo en sus niveles superiores.

En cambio, determinadas estructuras de menor tamaño conservaron mejores condiciones. Esta diferencia demuestra que la proximidad al epicentro no constituye el único factor relevante.

La altura, los cimientos, el diseño, los materiales y las características geológicas también influyen. Dos edificios situados en una misma zona pueden experimentar consecuencias muy distintas.

El especialista comparó el escenario venezolano con el terremoto que golpeó Turquía en 2023. Aunque señaló que la tragedia turca tuvo una dimensión mayor, observó similitudes en las construcciones de concreto y en las fallas relacionadas con el cumplimiento de los códigos.

Miyamoto mencionó que Turquía perdió más de 50.000 vidas y cerca de 200.000 edificios sufrieron destrucción. Ese antecedente muestra las consecuencias de permitir que una norma exista sin garantizar su aplicación.

Venezuela cuenta con regulaciones sismorresistentes y profesionales capaces de interpretarlas. El problema, según el ingeniero, surge cuando los responsables no inspeccionan correctamente la obra o los constructores modifican elementos esenciales.

Los cimientos merecen especial atención en terrenos blandos. Los trabajadores deben ejecutarlos exactamente como establece el diseño y comprobar las condiciones del suelo antes de iniciar una edificación.

Una investigación técnica incompleta puede llevar a decisiones equivocadas. Si el proyecto subestima la profundidad de las capas vulnerables o la amplificación esperada, la estructura enfrentará mayores riesgos.

Falta de maquinaria complica las demoliciones urgentes

Miyamoto considera evidentes los casos que requieren demolición. Los edificios inclinados, parcialmente colapsados o con daños estructurales extensos presentan pocas posibilidades de reparación segura.

Mantener esas construcciones en pie expone a las comunidades. Un movimiento posterior, una lluvia intensa o el deterioro progresivo pueden provocar un nuevo colapso.

Algunas personas todavía viven cerca o dentro de inmuebles peligrosos. Esta situación obliga a acelerar las evacuaciones y delimitar las zonas de riesgo antes de iniciar cualquier trabajo.

El Ministerio de Obras Públicas comenzó las demoliciones y la remoción de escombros, según el especialista. Miyamoto reconoció la actividad de sus equipos, pero señaló que el organismo no dispone de suficiente maquinaria.

Los edificios altos requieren herramientas distintas a las utilizadas en casas pequeñas. Los operadores necesitan excavadoras de brazo largo, grúas, sistemas de corte y equipos capaces de trabajar a grandes alturas.

Una demolición improvisada puede afectar construcciones vecinas, romper tuberías o provocar la caída descontrolada de materiales. Los ingenieros deben establecer una secuencia y definir cómo retirar cada sección.

La participación internacional puede ayudar a cubrir esas carencias. Los equipos extranjeros pueden aportar maquinaria, conocimientos y experiencia adquirida en emergencias anteriores.

Miyamoto no considera que todas las demoliciones deban ejecutarse en cuestión de días. Sin embargo, pide atender cuanto antes los edificios que representan una amenaza directa para la población.

La limpieza también necesita un plan. Las autoridades deben clasificar los restos, recuperar los materiales reutilizables y transportar los desechos hacia espacios autorizados.

Los edificios patrimoniales requieren un tratamiento diferente. La Catedral de Caracas figura entre las construcciones emblemáticas con mayores afectaciones, pero Miyamoto considera que puede repararse.

El daño resulta visible desde el exterior y recibió una clasificación roja por su gravedad. A pesar de ello, el especialista sostiene que los técnicos pueden estabilizar y reforzar la estructura.

Su equipo ya conversó con representantes de la Iglesia sobre las posibles intervenciones. La prioridad consiste en evitar un deterioro adicional antes de iniciar la recuperación completa.

Italia ofrece referencias para este tipo de trabajo. El país conserva iglesias, catedrales y construcciones antiguas en regiones sísmicas, por lo que desarrolló técnicas para reforzar el patrimonio sin destruir su valor histórico.

Expertos italianos participan en la misión venezolana y pueden aportar experiencia. Las intervenciones deberán respetar las características originales mientras incorporan mejoras capaces de aumentar la resistencia.

Reparar la catedral permitiría conservar un símbolo religioso e histórico de Caracas. También demostraría que una tarjeta roja no siempre conduce a la demolición cuando el inmueble posee valor patrimonial y admite una intervención especializada.

No todos los edificios pueden recibir el mismo tratamiento. Las autoridades deben evaluar el costo, la seguridad y la importancia social antes de decidir entre reparar o retirar una estructura.

Las viviendas necesitan criterios transparentes. Cada familia debe conocer el resultado de la inspección, las razones de la clasificación y las medidas que puede adoptar.

La información ayuda a reducir el riesgo de que las personas regresen por necesidad a lugares peligrosos. También permite planificar alojamientos temporales mientras avanzan los trabajos.

Inspecciones rigurosas marcarán la seguridad futura

Miyamoto rechaza la idea de que Venezuela carezca de ingenieros preparados. Después de trabajar con cientos de profesionales locales, asegura que poseen suficiente capacidad y conocimiento.

El principal problema aparece en la supervisión de las construcciones y en la formación práctica de algunos trabajadores y contratistas. Un diseño correcto puede fallar si la obra no respeta sus especificaciones.

El especialista observó situaciones similares en Turquía e Indonesia. En ambos países encontró normas existentes, pero también deficiencias durante la ejecución y el mantenimiento.

Una inspección adecuada debe comenzar antes de colocar los cimientos y continuar durante todas las etapas. Los responsables deben verificar materiales, dimensiones, refuerzos, mezclas de concreto y conexiones.

El control también debe extenderse después de la entrega. Las remodelaciones sin evaluación técnica pueden eliminar muros, añadir peso o modificar componentes esenciales para la estabilidad.

La autoconstrucción informal incrementa los riesgos cuando los propietarios levantan pisos, amplían espacios o cambian la distribución sin asesoría. La falta de permisos impide que un profesional revise esas modificaciones.

Miyamoto describió como mortal la combinación entre una edificación sin cumplimiento de códigos y una ubicación cercana a una falla. Sin embargo, aclaró que las zonas sísmicas no tienen que quedar deshabitadas.

Los países con alta actividad tectónica pueden construir ciudades seguras cuando estudian el terreno, diseñan correctamente y vigilan la ejecución. Japón, Italia y México ofrecen ejemplos de adaptación continua.

El especialista evita atribuir toda la tragedia a un solo gobierno, ingeniero o contratista. Considera que el problema abarca decisiones, prácticas y controles acumulados.

En Turquía, las autoridades arrestaron a ingenieros y constructores después de los terremotos. Miyamoto advierte que sancionar individuos no sustituye la necesidad de mejorar todo el sistema.

La seguridad requiere instituciones capaces de revisar los proyectos, inspectores con formación y mecanismos que impidan presiones o irregularidades. También necesita consecuencias cuando alguien incumple una norma.

La comisión gubernamental que coopera con la misión internacional completó una evaluación mediante tarjetas rojas, amarillas y verdes. Según Miyamoto, sus equipos revisaron unos 30.000 edificios durante las primeras cuatro semanas.

El sistema identifica inmuebles peligrosos, espacios con restricciones y construcciones habitables. Esta información permite organizar demoliciones y reparaciones.

El especialista considera que la recuperación avanza en la dirección correcta porque las autoridades comenzaron a preparar las demoliciones desde la segunda semana. Aun así, reconoce que ningún país puede disponer de todos los recursos necesarios ante una destrucción de esta escala.

Su optimismo se apoya en el talento de los ingenieros que trabajan en el terreno y en la atención internacional recibida. La misión busca compartir experiencias para evitar errores cometidos en otros desastres.

La Guaira enfrenta el mayor reto, pero Miyamoto observa posibilidades de recuperación. Destaca las características naturales de una región situada entre el mar y la montaña y cree que una buena planificación puede mejorarla.

Reconstruir mejor no significa únicamente levantar edificios más modernos. El proceso debe reducir vulnerabilidades, ordenar el territorio y crear mecanismos permanentes de control.

Las nuevas obras necesitan estudios geotécnicos, diseños sismorresistentes y supervisión continua. Las construcciones reparadas deben incorporar refuerzos que respondan a los daños detectados.

El país también deberá formar a trabajadores y contratistas. Los ingenieros pueden producir buenos planos, pero la seguridad depende de que cada componente llegue a la obra en las condiciones previstas.

La tragedia dejó una lección central: contar con normas no basta. Las instituciones tienen que exigirlas, los profesionales deben aplicarlas y los inspectores necesitan comprobar su cumplimiento.

La reconstrucción puede convertir esa experiencia en una oportunidad para elevar los estándares. Si Venezuela fortalece sus controles y aprovecha la capacidad local, podrá reducir el impacto de futuros terremotos.

El resultado no dependerá únicamente de la cantidad de edificios reconstruidos. El verdadero indicador aparecerá cuando las comunidades regresen a espacios seguros, las estructuras peligrosas desaparezcan y las nuevas obras respondan a las condiciones del terreno.

Para Miyamoto, ese objetivo resulta posible. El país posee el conocimiento profesional; ahora necesita recursos, equipos especializados y una cultura de inspección que transforme los códigos en seguridad real.

Con información de El Nacional

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