
El presidente colombiano Gustavo Petro calificó como “asesinato” el ataque militar realizado por fuerzas de Estados Unidos en aguas del mar Caribe, en el que murieron 11 presuntos integrantes del Tren de Aragua. El operativo, defendido por la Casa Blanca como parte de su estrategia contra el narcotráfico, ha generado un nuevo episodio de tensión diplomática entre Bogotá y Washington.
El operativo militar y la postura de Washington
El ataque fue confirmado por el presidente estadounidense Donald Trump, quien aseguró que la Armada interceptó y destruyó una embarcación que transportaba drogas hacia Estados Unidos. Según el secretario de Estado Marco Rubio, el operativo fue parte de un despliegue naval ampliado en el Caribe, destinado a contener el tráfico de estupefacientes procedentes de Venezuela y otras naciones de la región.
La administración Trump sostiene que la acción contó con el respaldo de varios gobiernos latinoamericanos, que apoyan las medidas de interdicción como estrategia clave en la lucha contra las redes internacionales de narcotráfico.
La respuesta de Petro y su enfoque contra las drogas
Desde su cuenta oficial en X, el mandatario colombiano cuestionó la operación, asegurando que “si esto es verdad, es un asesinato en cualquier parte del mundo”. Petro insistió en que la política de exterminio contra pequeños transportadores de droga no resuelve el problema de fondo y defendió su modelo de captura y judicialización sobre el uso de la fuerza letal.
El presidente subrayó que los principales afectados por estas operaciones suelen ser jóvenes de comunidades pobres en las costas del Caribe y el Pacífico, quienes actúan como mensajeros o tripulantes de cargamentos, pero no forman parte de las estructuras criminales de alto nivel.
Reacciones diplomáticas y tensiones regionales
La controversia estalló en el marco de la presidencia pro tempore de Colombia en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Durante una reunión virtual de cancilleres, el gobierno colombiano expresó su rechazo a la “lógica de intervención” que, a su juicio, promueve Washington con el despliegue de tropas cerca de las costas de Venezuela.
En contraste, voceros estadounidenses defendieron la operación argumentando que el incremento de patrullajes responde al aumento del tráfico de drogas por el Caribe y reiteraron que las embarcaciones interceptadas representan amenazas directas a la seguridad nacional de Estados Unidos.
Próximos escenarios y posibles impactos
Analistas advierten que este incidente podría tensar aún más la relación entre Bogotá y Washington, especialmente debido a las diferencias en materia de política antidrogas. Mientras la administración Trump apuesta por operaciones militares preventivas, Petro insiste en la necesidad de un enfoque regional basado en derechos humanos y desarrollo social.
El caso también ha reavivado el debate sobre la presencia de fuerzas militares estadounidenses en el Caribe y su impacto en la estabilidad regional, en un contexto marcado por disputas territoriales, intereses estratégicos y redes de narcotráfico transnacional.
Con información de El Nacional


