
En una declaración que sorprendió al mundo diplomático y desautorizó públicamente a su propia Cancillería, el presidente Gustavo Petro admitió que Colombia sí participó en gestiones destinadas a promover una transición de poder en Venezuela.
El pronunciamiento, difundido a través de su cuenta de X, contradijo de manera directa la versión oficial entregada horas antes por el Ministerio de Relaciones Exteriores, que había negado cualquier intervención del país en un eventual proceso de reorganización institucional en la nación vecina. Con su afirmación, Petro reveló maniobras diplomáticas de alto nivel que involucraron a gobiernos de América y Europa, así como a figuras de la oposición venezolana.
Una mediación sigilosa que sale a la luz
El mandatario aseguró que actuó como intermediario entre Nicolás Maduro y Joe Biden en los meses previos a las elecciones venezolanas. Según explicó, Bogotá se convirtió en escenario clave para encuentros con emisarios de Estados Unidos, la Unión Europea, Venezuela, Colombia y distintos sectores opositores. El propósito central era diseñar una hoja de ruta que permitiera desmontar progresivamente las sanciones, reducir la tensión interna y allanar un camino hacia elecciones competitivas en el corto plazo.
Petro señaló que, desde el comienzo, advirtió que la presión económica sobre Venezuela distorsionaba cualquier eventual apertura democrática. A su juicio, no es posible hablar de comicios libres en un país sujeto a restricciones internacionales severas. Esa advertencia, según dijo, se confirmó al no concretarse el levantamiento de sanciones ni la habilitación política de María Corina Machado, figura clave de la oposición que finalmente no pudo participar.
Un modelo inspirado en el Frente Nacional
El presidente detalló que planteó un esquema transitorio similar al Frente Nacional que existió en Colombia durante buena parte del siglo XX. La iniciativa consistía en un gobierno compartido de carácter temporal, pensado para estabilizar las instituciones venezolanas, reducir la polarización y generar condiciones imparciales para unas elecciones auténticamente abiertas.
La propuesta fue expuesta ante representantes del Gobierno estadounidense, miembros de la oposición venezolana y el propio Maduro. Aunque algunos sectores acogieron positivamente la idea, otros la consideraron inviable. Las discrepancias internas y la falta de consenso impidieron avanzar en la construcción de ese modelo binario de poder, lo que llevó al estancamiento definitivo del proceso.
Un esfuerzo regional sin resultados
Petro reveló que México, Brasil y Colombia habían conformado un mecanismo latinoamericano de mediación para impulsar una salida negociada. El objetivo era presentar una alternativa regional al desgaste del diálogo en Barbados y a la creciente presión de Washington. Sin embargo, el mandatario afirmó que dicho esfuerzo se vio minado por lo que llamó “sectarismo reinante” en las facciones venezolanas y por la prisa del Gobierno estadounidense, que buscaba resultados inmediatos.
De acuerdo con su relato, la falta de sincronía entre actores internacionales y la desconfianza instalada entre los bandos venezolanos terminaron por asfixiar cualquier posibilidad de avanzar hacia un acuerdo político sólido.
Advertencias sobre una posible intervención militar
Petro también se refirió a las versiones que apuntan a una intervención armada extranjera en territorio venezolano. Según el mandatario, un escenario de ese tipo abriría la puerta a un descontrol similar al vivido en Libia tras la caída de Gadafi. A su juicio, la región podría verse inundada por economías criminales y movimientos armados que afectarían gravemente la seguridad en la frontera colombo-venezolana.
El presidente insistió en que ninguna salida que excluya a un sector de la sociedad venezolana podrá generar estabilidad duradera. Subrayó que cualquier fórmula impuesta desde afuera solo profundizaría el conflicto y alejaría una restauración democrática real.
Colombia reafirma su apuesta por una salida pactada
Pese al fracaso de las negociaciones reveladas, Petro reiteró que Colombia seguirá defendiendo una transición acordada, sin presiones militares ni rupturas institucionales. En su opinión, solo un diálogo inclusivo, sin exclusiones políticas, puede permitir que el pueblo venezolano reconstruya sus instituciones y avance hacia un proceso electoral que goce de credibilidad internacional.
Con estas declaraciones, el presidente no solo dejó al descubierto un capítulo hasta ahora desconocido de la diplomacia regional, sino que también abrió un nuevo debate sobre la coherencia del Gobierno en materia de política exterior y la relación entre la Cancillería y la Presidencia.
Participé activamente buscando un diálogo nacional en Venezuela, y medie algo entre el gobierno de Maduro y el de Biden, antes de elecciones.
Se reunieron en Bogotá los gobiernos de Europa, EEUU, Venezuela y Colombia e hizo presencia la oposición venezolana
La idea era lograr…
— Gustavo Petro (@petrogustavo) November 21, 2025
Con información de Semana


