
La creciente tensión entre Venezuela y Estados Unidos, alimentada por advertencias de una posible escalada militar, llevó a Nicolás Maduro a solicitar apoyo a Colombia en materia de defensa. Sin embargo, la respuesta del presidente Gustavo Petro fue clara y medida: rechazó cualquier intento de subordinación militar, reafirmó el principio de soberanía nacional y dejó en evidencia profundas diferencias políticas con el régimen venezolano.
Desde la Casa de Nariño, el mandatario colombiano fijó una posición que busca evitar una confrontación regional sin renunciar a una postura crítica frente a los actores armados que afectan a ambos países.
Un mensaje directo sobre la soberanía militar
Durante una rueda de prensa ofrecida este jueves, Gustavo Petro fue enfático al señalar que el presidente venezolano no tiene facultad alguna para emitir instrucciones a las Fuerzas Militares de Colombia. En su declaración, recordó que cada nación ejerce autoridad exclusiva sobre sus instituciones armadas y que cualquier forma de coordinación entre países debe surgir de la voluntad popular y no de decisiones unilaterales entre gobiernos.
“El no tiene que dar órdenes a los militares”, afirmó Petro, subrayando que la relación entre Colombia y Venezuela solo puede reconstruirse plenamente mediante procesos democráticos legítimos. De esta manera, el jefe de Estado colombiano marcó un límite político y jurídico frente al pedido de Maduro, evitando cualquier interpretación de alineamiento automático ante un eventual conflicto externo.
Rechazo a una invasión extranjera
Aunque Petro negó la posibilidad de obedecer un llamado militar desde Caracas, también manifestó su oposición a un escenario de intervención armada por parte de Estados Unidos contra Venezuela. El mandatario reiteró que una invasión extranjera no contribuiría a la estabilidad regional ni a la solución de la crisis política venezolana.
Esta postura refleja una línea coherente con la política exterior que Petro ha defendido desde el inicio de su gobierno, basada en el respeto a la autodeterminación de los pueblos y en la búsqueda de salidas diplomáticas a los conflictos. Para el presidente colombiano, la paz regional no puede construirse mediante el uso de la fuerza, sino a través de mecanismos políticos que involucren a las sociedades civiles.
Una frontera compartida, pero no un ejército común
En su intervención, Petro aclaró que Colombia y Venezuela no comparten estructuras militares conjuntas ni alianzas armadas oficiales. De hecho, fue categórico al señalar que la única organización armada con presencia binacional no pertenece a los Estados, sino a un grupo ilegal que ha causado violencia en ambos territorios.
Al referirse al Ejército de Liberación Nacional (ELN), el mandatario afirmó que se trata de una agrupación conformada por colombianos y venezolanos, dedicada al narcotráfico y a la agresión contra comunidades rurales. En su opinión, este grupo representa una amenaza común y no un punto de unión legítimo entre las dos naciones.
El ELN como enemigo compartido
Petro describió al ELN como un actor que ha sembrado muerte y economías ilícitas a ambos lados de la frontera. Según el presidente, esta organización armada ha abandonado cualquier discurso político para dedicarse al negocio de la cocaína y a la violencia contra campesinos, lo que la convierte en un enemigo no solo de Colombia y Venezuela, sino de toda la región.
El mandatario sostuvo que el grupo perdería esa condición únicamente si renunciara a las armas, una afirmación que se inscribe en su visión de paz total, pero que también evidencia la frustración frente a la persistencia del conflicto armado y las economías ilegales en zonas fronterizas.
Una respuesta con mensaje regional
La reacción de Petro no solo estuvo dirigida a Maduro, sino también a la comunidad internacional. Al fijar límites claros y rechazar una intervención militar extranjera, el presidente colombiano envió un mensaje de equilibrio diplomático, buscando evitar que Colombia quede atrapada en una confrontación que no le corresponde.
Esta postura resulta especialmente relevante en un contexto de alta sensibilidad geopolítica, donde cualquier gesto puede interpretarse como una toma de partido. Petro optó por una respuesta que combina firmeza institucional con cautela estratégica.
Relaciones bilaterales en un momento delicado
La respuesta del gobierno colombiano se produce en un momento en el que las relaciones con Venezuela atraviesan una fase de normalización diplomática, tras años de ruptura. No obstante, los acontecimientos recientes demuestran que esa recomposición tiene límites claros, especialmente cuando se trata de asuntos militares y de seguridad.
Colombia, según dejó entrever Petro, no está dispuesta a convertirse en un actor subordinado ni en una plataforma para conflictos ajenos, aunque mantenga canales de diálogo abiertos con Caracas.
La respuesta de Gustavo Petro al pedido militar de Nicolás Maduro dejó en claro que Colombia no aceptará órdenes externas ni se alineará automáticamente en un eventual conflicto. Al mismo tiempo, el mandatario reafirmó su rechazo a una invasión extranjera y señaló al ELN como el verdadero enemigo común en la frontera. En un escenario regional marcado por la incertidumbre, la posición colombiana apuesta por la soberanía, la prudencia y una salida política que evite una escalada de consecuencias impredecibles.
«Maduro no tiene porque darle órdenes a los militares»: el presidente Gustavo Petro rechazó la invitación que hizo Nicolás Maduro a que los militares colombianos se unieran a proteger la soberanía de Venezuela insistiendo en que no apoya dictaduras. #VocesySonidos pic.twitter.com/xTjv0gRkjr
— BluRadio Colombia (@BluRadioCo) December 18, 2025
Con información de Semana


