
Durante años, Colombia se ha convertido en el principal país receptor de migrantes venezolanos. Con más de 2,8 millones de ciudadanos venezolanos en su territorio, la migración dejó de ser una “ola” para convertirse en una realidad permanente. Sin embargo, esa realidad parece invisible para el gobierno del presidente Gustavo Petro.
A diferencia del expresidente Iván Duque, cuya gestión implementó el Estatuto Temporal de Protección para Migrantes Venezolanos —un mecanismo concreto de regularización, quizás el más ambicioso de la región—, la administración Petro ha optado por el silencio o, peor aún, por la omisión con retórica ideológica.
En un país donde la migración venezolana ha impactado en todos los niveles —educación, salud, empleo, seguridad, economía—, es imposible no notar la ausencia de una política clara y sostenida del actual gobierno frente a este fenómeno.
«DESVENEZOLANIZAR LA MIGRACIÓN»
El Presidente Petro ha llegado incluso a hablar de “desvenezolanizar” la migración, como si el problema no tuviera nombre ni nacionalidad, y como si nombrarlo fuera ofensivo o incómodo. Pero invisibilizar no es sinónimo de resolver.
Según cifras oficiales, más del 70% de los migrantes en Colombia son venezolanos. ¿Cómo se puede construir una política pública efectiva partiendo de la negación de esa realidad? El llamado a “desvenezolanizar” es, en la práctica, un llamado a diluir responsabilidades, a esconder el rostro de una crisis humanitaria concreta detrás de un discurso abstracto y apático. Negarlo no es «progresista», por el contrario, es una forma sofisticada de indiferencia que perpetúa la exclusión bajo el disfraz de neutralidad política.
Cuando el presidente Petro se refiere a los venezolanos en Colombia —y no lo hace a menudo— lo hace repitiendo los mantras de hace 60 años en la narrativa oficial cubana: que el éxodo se debe exclusivamente al bloqueo de Estados Unidos. No menciona la represión, la corrupción, la hiperinflación, la inseguridad, el colapso institucional ni las violaciones sistemáticas de derechos humanos por parte del régimen venezolano. No menciona a Maduro. No menciona a las víctimas. Solo apunta a Washington.
Los venezolanos en Colombia no somos cifras ni instrumentos de propaganda. Somos personas que lo perdimos todo y que reconstruimos nuestras vidas, en muchos casos, desde cero. Somos trabajadores, estudiantes, emprendedores, madres, padres, niños, hermanos. Somos parte de este país.
Hoy, muchos venezolanos en Colombia sentimos que el presidente Petro simplemente nos ignora. Que no estamos en su agenda. Que no existimos. Y eso, viniendo del jefe de Estado del país que más ha acogido a nuestra diáspora, no es solo un desaire: es una falta de respeto, una negación simbólica de millones de vidas que hoy hacen parte del presente de Colombia. No pedimos privilegios. Pedimos reconocimiento, claridad y una política que no nos borre del mapa por razones ideológicas o por cálculo político.
Colombia necesita una política migratoria coherente y sostenida. Flexibilizar los criterios de aprobación de visas de residencia legal en la cancillería para los venezolanos. Pero, sobre todo, necesita un gobierno que no le dé la espalda a más tres millones de compatriotas por conveniencia ideológica.


