Editorial | El Venezolano Colombia
El alto costo de migrar en Colombia: visas onerosas y rechazos frecuentes | Por José Ramón VIllalobos

➦ El autor es periodista venezolano y director de El Venezolano Colombia

Migrar a Colombia se ha convertido en un desafío que va mucho más allá de la adaptación cultural o laboral. El primer obstáculo, paradójicamente, lo impone el propio Estado: los elevados costos de las visas otorgadas por la Cancillería, que en muchos casos se traducen en un gasto excesivo para solicitantes que ya llegan con limitaciones económicas.

En promedio, una visa en Colombia puede costar entre $190 y $300 dólares, cifras que para muchos migrantes —especialmente venezolanos— representan más de un salario mínimo en su país de origen. A esto se suma el pago inicial de estudio de la solicitud, que no es reembolsable en caso de rechazo. En otras palabras, el migrante debe invertir una suma considerable sin la garantía de obtener una respuesta positiva.

El problema no es únicamente económico. Los altos índices de negación de solicitudes han generado una percepción de arbitrariedad. Muchos extranjeros denuncian falta de claridad en los criterios de aprobación, demoras injustificadas y exigencias documentales que son difíciles de cumplir para quienes han dejado atrás situaciones de emergencia.

Colombia se presenta en el escenario internacional como un país abierto a la migración y solidario con los desplazados, pero la realidad administrativa cuenta otra historia. Las trabas burocráticas, los costos elevados y la poca transparencia en las decisiones de la Cancillería envían un mensaje contradictorio a miles de personas que ven en Colombia una oportunidad de refugio, estudio o trabajo digno.

Es necesario un debate público serio: ¿puede Colombia sostener una política migratoria que, en la práctica, resulta excluyente para quienes más necesitan estabilidad? La migración no puede convertirse en un lujo reservado para quienes tienen recursos. Una visa no debería ser un privilegio, sino una herramienta justa y accesible para regular la permanencia de quienes ya están aportando al país con su esfuerzo y talento.

Colombia necesita una Cancillería que entienda que detrás de cada solicitud de visa hay una historia humana. Reducir costos, aumentar la transparencia y mejorar los criterios de evaluación no es solo un gesto de humanidad, sino también una apuesta por el desarrollo y la integración.

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