
El deterioro en las relaciones entre Colombia y Estados Unidos ha encendido las alarmas entre analistas internacionales. Las recientes declaraciones del presidente Gustavo Petro, en las que sugiere una conspiración extranjera para desestabilizar su gobierno, han sido calificadas como una maniobra que podría terminar debilitando la cooperación bilateral en seguridad y lucha contra el narcotráfico. Especialistas advierten que detrás de este enfrentamiento político podría esconderse una estrategia que, en última instancia, beneficie a estructuras criminales.
Narrativa confrontativa y consecuencias estratégicas
Según Andrés Otero, presidente para América Latina de Guidepost Solutions, el mandatario colombiano estaría construyendo deliberadamente un discurso confrontativo con Washington, en particular con figuras como Donald Trump y el senador Marco Rubio, para justificar una ruptura institucional.
“La intención parece clara: debilitar los lazos históricos con agencias como la DEA, el FBI y la CIA, y, con ello, desarticular la cooperación antinarcóticos”, afirma Otero. Para el experto, esta retórica antiestadounidense responde a una intención política interna que busca victimizar al Ejecutivo y ofrecer una narrativa útil de cara a las elecciones presidenciales de 2026.
¿Una jugada electoral calculada?
Michael Shifter, expresidente del Diálogo Interamericano, coincide en que el conflicto con EE. UU. podría estar siendo aprovechado como una herramienta electoral. “La polarización beneficia a Petro, especialmente si logra convertir la descertificación por parte de Estados Unidos en un símbolo de lucha contra la injerencia extranjera”, sostiene.
La posible revocación de visas, tanto al presidente como a miembros cercanos de su gabinete, podría alimentar ese relato. Otero insiste en que Petro “quiere que se rompan los vínculos diplomáticos para justificar una narrativa de persecución”, lo cual generaría réditos políticos entre sus bases más radicalizadas.
Repercusiones para la seguridad y la cooperación binacional
Fernando Cepeda, exembajador colombiano, advierte que la situación actual es consecuencia de una postura que ya venía tensándose desde enero. Según él, Petro y Trump comparten una lógica confrontacional: ambos buscan posicionarse como figuras que desafían el statu quo.
La tensión no solo amenaza con paralizar acuerdos en materia de seguridad y lucha contra el crimen organizado, sino que podría traducirse en un aislamiento diplomático que afecte gravemente la cooperación binacional, incluyendo temas sensibles como migración, comercio y defensa.
Una salida por la vía institucional
Adriana Mejía, exvicecanciller, plantea una posible solución: ampliar la diplomacia más allá del Ejecutivo. “La única salida está en activar canales alternativos: empresariado, sociedad civil, exfuncionarios, y el Congreso”, señaló.
Frente a un escenario incierto, los expertos coinciden en que se necesita prudencia desde ambos lados. Shifter concluye que será esencial “que prevalezcan las cabezas frías en Washington y Bogotá”. Mientras tanto, la relación entre ambos países atraviesa uno de sus momentos más frágiles en décadas, con implicaciones que podrían extenderse hasta las urnas de 2026.


