
Una operación diplomática que pudo haber significado la liberación de ciudadanos estadounidenses y presos políticos venezolanos naufragó por desorganización interna en la administración de Donald Trump. La ausencia de coordinación entre altos funcionarios obstaculizó un complejo acuerdo que incluía el traslado de migrantes detenidos en El Salvador hacia Venezuela, a cambio de ciudadanos norteamericanos bajo custodia del régimen de Nicolás Maduro.
Negociaciones por vías separadas
El plan encabezado por el secretario de Estado Marco Rubio incluía un canje múltiple: enviar a Caracas a 250 migrantes venezolanos encarcelados en El Salvador, y a cambio liberar a 11 estadounidenses y 80 presos políticos venezolanos. Esta operación humanitaria, negociada con Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional chavista, fue saboteada por una segunda iniciativa impulsada simultáneamente por Richard Grenell, enviado especial de Trump para Venezuela.
Grenell ofreció una ruta distinta: el alivio de sanciones petroleras a través de la extensión de la licencia a Chevron, con el objetivo de obtener la libertad de los detenidos estadounidenses sin incluir a los migrantes ni a los presos políticos. Aunque alegó tener respaldo presidencial, nunca hubo aprobación formal.
Confusión en Caracas y paralización del acuerdo
Ambas gestiones se desarrollaban sin conocimiento mutuo y con el mismo interlocutor venezolano. Esta falta de articulación desconcertó al régimen de Maduro, que terminó cuestionando la legitimidad de los emisarios de Washington. Rodríguez habría expresado dudas sobre con quién realmente se estaban pactando los términos del acuerdo, lo que llevó a frenar las conversaciones.
Nayib Bukele, presidente salvadoreño, también propuso un canje integral, pero la idea fue descartada públicamente por Venezuela, que denunció el encarcelamiento de sus ciudadanos como un acto de “secuestro político”.
Chevron, sanciones y presión republicana
El plan alternativo de Grenell, centrado en Chevron, se vio rápidamente amenazado por legisladores republicanos de origen cubano, quienes advirtieron que no tolerarían ninguna flexibilización de las sanciones hacia Caracas. El temor a un costo político interno frenó cualquier posibilidad de extender la licencia petrolera, afectando así el acuerdo en curso.
La Casa Blanca, a través de su vocera Karoline Leavitt, negó divisiones internas, asegurando que todas las decisiones eran tomadas exclusivamente por el presidente Trump.
Migrantes, rehenes de la diplomacia
Mientras tanto, más de 80 extranjeros permanecen detenidos arbitrariamente en Venezuela, según organizaciones como Foro Penal. Muchos de ellos, denuncian, son usados como piezas de negociación en intercambios con gobiernos extranjeros. Aunque algunos estadounidenses han sido liberados en meses recientes, decenas más continúan bajo custodia sin perspectivas claras.
La fallida operación es un ejemplo de cómo la falta de coherencia estratégica puede costar oportunidades diplomáticas y dejar a seres humanos atrapados en redes de poder.
The New York Times (@nytimes): EEUU falló en un acuerdo para intercambiar venezolanos retenidos en El Salvador por estadounidenses 👇
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— Norexa Rompapas (@norexarompapas) July 9, 2025


