
En un contexto de creciente presión diplomática por parte de Washington, Nigeria se ha convertido en uno de los primeros países africanos en declarar públicamente que no aceptará ser destino para migrantes venezolanos deportados desde Estados Unidos.
Así lo confirmó el ministro de Asuntos Exteriores nigeriano, Yusuf Tuggar, durante su participación en la cumbre del grupo BRICS en Brasil, marcando una postura clara frente a una política migratoria que genera tensiones crecientes en el escenario internacional.
Una propuesta incómoda: recibir presos de terceros países
Según Tuggar, la Casa Blanca ha insistido en que naciones africanas acepten migrantes provenientes de Venezuela, incluso aquellos que se encuentran bajo custodia penal. “Ya tenemos bastantes dificultades como para asumir una carga que no nos corresponde”, expresó el canciller nigeriano. En su opinión, aceptar la llegada de hasta 300 deportados sería una medida “injusta”, por lo que descartó esa posibilidad rotundamente.
Sus declaraciones coinciden con revelaciones periodísticas que indican que al menos otros cinco países del continente han sido contactados con solicitudes similares. Esuatini, Libia, Ruanda, Benín y Sudán del Sur figuran entre los Estados que habrían sido considerados para recibir personas expulsadas por EE. UU.
Visados restringidos y sanciones veladas
Las consecuencias no se han hecho esperar. El Departamento de Estado norteamericano modificó esta semana las condiciones de las visas no diplomáticas para ciudadanos de Nigeria, Camerún y Etiopía, restringiéndolas a entradas únicas por un plazo de tres meses. Aunque la embajada de EE. UU. en Abuja negó que estas restricciones sean una represalia directa, la coincidencia temporal alimenta las sospechas sobre una política de presión silenciosa.
Tuggar, sin embargo, relativizó el impacto de esta decisión y citó irónicamente al grupo de rap Public Enemy: “Flava Flav tiene sus propios problemas. No puedo hacer nada por ti”, dijo a un medio local.
África y BRICS: un nuevo escenario geopolítico
La negativa nigeriana también se da en medio de un reacomodo global donde el grupo BRICS adquiere mayor protagonismo. Aunque Nigeria no es miembro pleno, se convirtió en país asociado a principios de 2025. Esto ha incomodado a la administración Trump, que ha amenazado con imponer aranceles del 10 % a los países que respalden políticas del bloque consideradas contrarias a los intereses estadounidenses.
Tuggar, por su parte, descartó que las tensiones comerciales tengan relación con BRICS y afirmó que su país está buscando acuerdos económicos con Washington, especialmente en sectores clave como el gas natural y los minerales estratégicos.
Una grieta en la diplomacia migratoria
La postura firme de Nigeria marca un precedente para otras naciones africanas, que hasta ahora han evitado pronunciarse con claridad frente a los intentos de EE. UU. de redirigir deportaciones a terceros países. Mientras tanto, Liberia, otro de los países señalados, negó rotundamente estar en negociaciones para recibir migrantes o detenidos, reforzando la creciente resistencia regional a una política que, para muchos, traslada responsabilidades sin equidad ni transparencia.


