
La maquinaria institucional de Venezuela ha vuelto a exponer su faceta más oscura: la opacidad informativa ante la muerte de ciudadanos bajo su tutela. A través de una publicación en sus cuentas oficiales, el Ministerio del Poder Popular para el Servicio Penitenciario admitió finalmente que Victor Hugo Quero Navas falleció bajo custodia el pasado 24 de julio de 2025.
Sin embargo, esta confesión no llegó por un canal de atención directa a la familia, sino como una respuesta reactiva ante la presión mediática generada en las redes sociales y las denuncias públicas de su madre, Carmen Teresa Navas. El régimen mantuvo el deceso en secreto durante casi diez meses, permitiendo que la progenitora buscara a su hijo incansablemente sin saber que el Estado ya lo había inhumado.
El comunicado, emitido este 7 de mayo de 2026, intenta justificar la falta de notificación alegando que el detenido no suministró datos sobre sus vínculos filiatorios al momento de su reclusión en el Internado Judicial Rodeo I. No obstante, esta excusa administrativa choca frontalmente con la realidad de una madre que nunca dejó de preguntar.
Mientras el Ministerio afirma ahora que el deceso ocurrió en el Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo por insuficiencia respiratoria, la familia vivió un calvario de incertidumbre, visitando despachos que simplemente guardaron silencio. La publicación oficial solo confirma lo que las organizaciones de derechos humanos denuncian sistemáticamente: el absoluto desprecio por la dignidad de los privados de libertad y el derecho a la verdad de sus parientes.
Negligencia oficial cuando Victor Quero falleció bajo custodia
La tragedia de Victor Hugo Quero Navas destaca no solo por las circunstancias de su muerte, sino por la crueldad burocrática que rodeó su desaparición. Carmen Teresa Navas, en un acto de valentía desesperada, acudió recientemente a la Defensoría del Pueblo, donde fue recibida por las autoridades competentes para exigir respuestas sobre el paradero de su hijo. A pesar de que el Estado ya poseía un acta de defunción numerada y registrada desde julio del año pasado, nadie le informó la verdad durante su visita. Solo tras la activación de una investigación por noticia criminis debido al ruido en las plataformas digitales, el aparato penitenciario decidió «revisar los expedientes» para encontrar una información que ya debía estar en sus bases de datos centrales.
Es inaceptable que un ciudadano permanezca diez días hospitalizado, reciba un diagnóstico médico complejo y sea enterrado por el Estado sin que exista un esfuerzo real por localizar a su familia. El comunicado ministerial sostiene que, ante la «ausencia de familiares», procedieron a su inhumación formal el 30 de julio de 2025. Esta afirmación ignora que las familias suelen ser alejadas de los procesos de traslado hospitalario por las propias restricciones del sistema. El hecho de que la información salga a la luz pública casi un año después evidencia que el régimen solo responde cuando la presión social amenaza su narrativa de control, demostrando que para las autoridades, un reo que falleció bajo custodia es apenas un número que pueden archivar hasta que el escándalo los obligue a hablar.
La opacidad institucional como política de Estado
El caso de Quero Navas representa un patrón de conducta donde la transparencia es la excepción y el ocultamiento es la regla. El Ministerio Penitenciario indica que inició la investigación el 10 de marzo de 2026, tras conocer la denuncia en redes sociales. Esto implica que, de no ser por la visibilidad digital, el paradero del joven seguiría siendo un misterio para su madre. Esta desconexión deliberada entre el sistema judicial, el hospital militar y el registro civil de la parroquia Santa Rosalía —donde reposa el acta de defunción desde 2025— revela una estructura diseñada para desvincular al detenido de su entorno humano, facilitando la impunidad ante posibles casos de negligencia médica o maltrato.
Las autoridades aseguran ahora que el ciudadano sufrió una hemorragia digestiva superior y un síndrome febril agudo que derivó en un tromboembolismo pulmonar. Sin embargo, la veracidad de estos diagnósticos queda bajo sospecha debido al tiempo que ocultaron el suceso. ¿Por qué esperar a que la madre fuera recibida por la Defensora del Pueblo y que el CICPC citara a la familia para admitir la muerte? La respuesta reside en una gestión penitenciaria que evade la rendición de cuentas. Al enterrar a Victor Hugo sin testigos familiares, el Estado eliminó la posibilidad de una autopsia independiente inmediata, dejando a la familia solo con la versión oficial de un certificado de defunción que permaneció oculto en un tomo administrativo por nueve meses.
El derecho a la justicia y la entrega de los restos
Tras la publicación del comunicado oficial en Caracas este 7 de mayo de 2026, el Ministerio se coloca a disposición de las autoridades para la «revisión del caso» y promete la entrega de los restos. No obstante, para Carmen Teresa Navas y los defensores de derechos fundamentales, las condolencias expresadas en un gráfico de redes sociales resultan un agravio adicional. La reparación integral no se agota con la devolución de un cuerpo; exige una investigación sobre quiénes fueron los funcionarios responsables de silenciar el deceso. La negligencia de no contactar a una familia cuando los datos de identidad estaban plenamente verificados —como demuestra el número de cédula citado en el texto oficial— constituye una violación a los protocolos de ley que el propio Ministerio dice cumplir.
La sociedad civil exige hoy que este suceso no quede impune bajo la sombra de un «error de comunicación». El régimen asume responsabilidad directa por la muerte de un joven bajo la tutela del Estado, y ocultar su fallecimiento constituye un acto de trato cruel e inhumano hacia sus seres queridos. Mientras el Ministerio intenta cerrar el capítulo con una nota de prensa virtual, la madre de Victor Hugo enfrenta ahora el duelo que le arrebataron durante casi un año. La estabilidad económica o la transformación del país que pregona el discurso oficial carecen de sentido si las instituciones no son capaces de respetar la vida y la muerte de quienes están bajo su custodia, dejando una herida abierta en la confianza de un pueblo que solo recibe noticias de sus hijos a través de comunicados fríos en una pantalla.
El Ministerio de Servicios Penitenciarios anuncia que Víctor Hugo Quero murió bajo custodia del Estado.
El comunicado del Ministerio reconoce que fue detenido el 3 de enero de 2025, recluido en el Internado Judicial Rodeo I, trasladado al Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo el 15… pic.twitter.com/p6nZc2cdo1
— Delsa Solorzano (@delsasolorzano) May 7, 2026
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