Reparación de edificios tras los terremotos requiere estudios completos para no crear nuevos riesgos

El ingeniero Alfredo Urich, especialista en patología y recuperación de la construcción, explicó que las intervenciones puntuales deben restituir las condiciones del elemento afectado

La reparación de edificios tras los terremotos del 24 de junio debe respetar el diseño estructural original y evitar modificaciones sin estudios previos, advirtió el Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV). Los especialistas señalan que engrosar columnas, añadir vigas o colocar corazas de acero de manera aislada puede alterar la respuesta de una construcción ante futuros sismos y aumentar su vulnerabilidad.

El ingeniero Alfredo Urich, especialista en patología y recuperación de la construcción, explicó que las intervenciones puntuales deben restituir las condiciones del elemento afectado. Los responsables no deberían convertir una reparación localizada en una transformación completa del sistema que soporta el edificio.

Urich expresó su preocupación por algunos trabajos realizados en Caracas después de los movimientos de magnitudes 7,2 y 7,5. Según indicó, determinadas intervenciones aumentaron hasta tres veces el grosor de una columna o añadieron componentes que no formaban parte del proyecto original.

Estas modificaciones cambian la manera en que las fuerzas sísmicas recorren la edificación. Un elemento excesivamente rígido puede trasladar los esfuerzos hacia otras zonas y provocar daños donde antes no existían.

El especialista sostiene que una transformación de esa magnitud crea, en términos técnicos, una estructura diferente. Por esa razón, requiere un modelo matemático, una evaluación integral y una comprobación que garantice un comportamiento seguro.

El Colegio de Ingenieros ya completó 11.185 inspecciones en el Área Metropolitana de Caracas con el apoyo de profesionales voluntarios. Los resultados muestran que la mayoría de los inmuebles puede mantenerse ocupada, aunque una parte necesita restricciones o presenta peligro.

Reparación de edificios tras los terremotos no admite improvisaciones

El objetivo de una reparación estructural consiste en recuperar la capacidad del componente afectado. Si una columna perdió recubrimiento o presenta grietas controladas, los ingenieros deben intervenirla según el tipo y la extensión del daño.

Antes de comenzar, los especialistas necesitan identificar la causa. Una grieta puede surgir por el movimiento sísmico, un asentamiento del suelo, la corrosión del acero o una sobrecarga.

Cubrir la abertura con cemento no resuelve el problema cuando el origen permanece activo. La superficie puede recuperar su apariencia, pero la estructura conservará la falla interna.

Los profesionales deben revisar planos, materiales y antecedentes de la construcción. También necesitan comprobar si los propietarios realizaron ampliaciones o remodelaciones sin autorización.

Agregar una coraza de acero puede resultar adecuado dentro de un proyecto calculado. El riesgo aparece cuando los trabajadores la instalan sin estudiar el edificio completo.

Una columna reforzada puede adquirir mayor rigidez que las demás. Durante un nuevo sismo, esta diferencia modifica la distribución de las cargas y puede concentrar esfuerzos en vigas, conexiones o pisos cercanos.

Lo mismo ocurre con las vigas adicionales. Cada componente interactúa con el resto de la estructura, por lo que ninguna modificación importante debería analizarse de manera aislada.

El modelo matemático permite simular cómo responderá el edificio ante distintas fuerzas. Los ingenieros introducen datos sobre dimensiones, materiales, distribución de peso y características del suelo.

Esta herramienta ayuda a identificar puntos vulnerables y comparar posibles soluciones. Sin el cálculo, una intervención puede basarse únicamente en intuiciones o en la apariencia del daño.

El estudio completo también debe incluir los cimientos. Reforzar los pisos superiores sin conocer las condiciones de la base podría añadir peso a una estructura que no puede soportarlo.

Los materiales requieren controles de calidad. El concreto, el acero y los productos de reparación deben cumplir especificaciones y aplicarse bajo procedimientos correctos.

La mano de obra influye de forma decisiva. Un buen diseño pierde eficacia si los trabajadores colocan mal los refuerzos, preparan una mezcla inadecuada o ignoran los tiempos de curado.

Las administraciones de condominios deberían contratar profesionales acreditados y solicitar una memoria técnica. También necesitan conservar los informes para futuras inspecciones.

Los propietarios no deben aceptar propuestas que prometan resolver daños graves mediante trabajos rápidos sin evaluación. Un presupuesto detallado debe explicar qué repararán, cómo lo harán y qué controles aplicarán.

El CIV recomienda restaurar cada elemento sin modificarlo cuando el daño resulta puntual y esperado dentro del desempeño sísmico. Las intervenciones mayores requieren un proyecto de reforzamiento integral.

Inspecciones clasifican la mayoría de los inmuebles como habitables

Los equipos voluntarios del Colegio de Ingenieros revisaron 11.185 edificaciones en Caracas y sus alrededores. El sistema utiliza etiquetas verdes, amarillas y rojas para comunicar las condiciones generales.

El 75 % recibió la clasificación verde, lo que indica que el inmueble puede mantenerse ocupado según la evaluación realizada. Esta categoría no significa que la construcción carezca de desperfectos.

Una propiedad habitable puede presentar grietas en paredes, caída de frisos, rotura de ventanas u otros daños que necesitan reparación, pero no comprometen directamente el sistema estructural.

El 13 % recibió una etiqueta amarilla. Estos inmuebles presentan restricciones y requieren medidas antes de recuperar un uso normal.

La limitación puede afectar determinadas habitaciones, pisos o accesos. Los residentes deben respetar las indicaciones y esperar las evaluaciones especializadas.

Otro 10 % obtuvo una tarjeta roja, que señala una condición de peligro. Las personas no deberían ocupar estas construcciones hasta que los expertos determinen si admiten refuerzo o requieren demolición.

Los tres porcentajes suman 98 %. El 2 % restante podría responder a redondeos, casos pendientes u otras clasificaciones, por lo que el Colegio deberá precisar ese segmento en sus reportes.

Urich señaló que la mayoría de los desperfectos observados no afecta columnas ni vigas. Muchos aparecen en paredes divisorias y otros elementos que no soportan directamente el peso principal.

Los daños no estructurales también necesitan atención porque pueden desprenderse y lesionar a las personas. Sin embargo, su presencia no significa necesariamente que el edificio esté próximo a caer.

Distinguir entre ambos tipos evita alarmas y reparaciones innecesarias. Solo un profesional puede establecer si una grieta compromete la estabilidad.

Los edificios modernos mostraron daños estructurales menores, según el especialista. Urich relaciona ese comportamiento con la aplicación de normativas sismorresistentes más avanzadas.

Las construcciones de las décadas de 1950 y 1960 enfrentan condiciones diferentes. En aquella época, los conocimientos, códigos y métodos de cálculo tenían un desarrollo más limitado.

La antigüedad no convierte automáticamente a un inmueble en peligroso. Algunos edificios conservaron buen mantenimiento y diseños resistentes, mientras otros sufrieron modificaciones que debilitaron su respuesta.

Cada caso necesita una evaluación propia. La fecha de construcción funciona como una referencia, pero no sustituye la inspección.

Las autoridades deben convertir las clasificaciones rápidas en diagnósticos detallados cuando corresponda. Una tarjeta ofrece una primera orientación, no siempre un proyecto definitivo.

Las familias necesitan recibir información escrita sobre las restricciones. También deben conocer qué especialista puede revisar el inmueble y qué permisos requiere una intervención.

Normas actualizadas marcarán la seguridad de la reconstrucción

El Colegio de Ingenieros pidió el 10 de agosto actualizar las normas sismorresistentes y la planificación urbana. El doble terremoto dejó casi 6.500 fallecidos y reveló debilidades que requieren revisión.

Los códigos deben incorporar nuevos conocimientos sobre suelos, materiales y comportamiento estructural. También necesitan considerar la experiencia recogida en las edificaciones que sufrieron daños.

Los expertos pueden analizar por qué algunas construcciones resistieron mejor que otras. Esta comparación permite identificar diseños eficaces y prácticas que necesitan corrección.

Actualizar una norma no basta si las autoridades no vigilan su aplicación. Las inspecciones deben acompañar cada etapa, desde el estudio del terreno hasta la entrega.

Los municipios necesitan personal capacitado para revisar planos y visitar las obras. También deben controlar las ampliaciones y cambios realizados después de la construcción.

La planificación urbana debe evitar nuevas viviendas en terrenos inestables o establecer requisitos especiales cuando la ocupación resulte inevitable.

Las laderas, suelos blandos y sectores cercanos a fallas requieren estudios geotécnicos. Los cimientos deben responder a esas condiciones y no a un modelo genérico.

El Banco Mundial estimó en 19.600 millones de dólares los daños físicos directos causados por los terremotos. El organismo también advirtió que una reconstrucción lenta podría afectar la recuperación económica durante la próxima década.

La velocidad importa porque miles de familias y empresas necesitan volver a espacios seguros. Sin embargo, acelerar no significa reducir controles.

Una obra rápida y deficiente puede generar nuevos costos y mantener el riesgo. Reconstruir bien desde el principio resulta más eficiente que corregir errores posteriormente.

La rehabilitación también puede crear empleos y reactivar proveedores. Ingenieros, obreros, transportistas y fabricantes de materiales participarán en un proceso que se extenderá durante años.

El Estado debe garantizar transparencia en la contratación. Los proyectos necesitan presupuestos públicos, supervisión independiente y mecanismos para denunciar irregularidades.

Las universidades y los gremios pueden aportar especialistas y estudios. Su participación ayudaría a convertir las lecciones del desastre en mejores prácticas.

Los condominios también cumplen una responsabilidad. No deberían autorizar modificaciones que afecten columnas, vigas o muros sin la aprobación de profesionales.

Cada habitante puede contribuir al informar sobre grietas nuevas, inclinaciones o desprendimientos. Estos datos ayudan a detectar cambios después de las inspecciones iniciales.

Las réplicas y las lluvias pueden modificar las condiciones de una estructura. Un edificio evaluado anteriormente necesita una nueva revisión si aparecen señales diferentes.

La recomendación del CIV busca evitar que la urgencia conduzca a soluciones improvisadas. Reparar no consiste en añadir materiales hasta que una columna parezca más fuerte.

La seguridad depende del equilibrio de toda la edificación. Cada elemento debe trabajar de forma coordinada y responder al diseño calculado.

Venezuela enfrenta una reconstrucción de gran escala, pero cuenta con ingenieros y normas que pueden orientar el proceso. El reto consiste en actualizar los estándares, asegurar su cumplimiento y supervisar cada intervención.

Restituir correctamente las estructuras permitirá que las familias regresen con mayor confianza. Modificarlas sin estudios podría ocultar el daño y crear un nuevo peligro.

El país no puede evitar futuros terremotos, pero sí puede reducir sus consecuencias. Una reparación basada en cálculos, inspecciones y materiales adecuados constituye el primer paso para lograrlo.

Con información de EFE

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