Intensidad de los terremotos: Venezuela alcanzó IX en Mercalli y Colombia llegó a VII

Aunque las cifras parecen próximas, representan grados distintos de severidad y no deben confundirse con la magnitud de cada evento

La intensidad de los terremotos ocurridos en Venezuela y Colombia permite comprender por qué dos movimientos de magnitudes semejantes pueden causar efectos muy diferentes en la superficie. Los terremotos que golpearon el centro-norte venezolano el 24 de junio de 2026 alcanzaron una intensidad máxima estimada de IX en la escala de Mercalli Modificada, mientras que el movimiento de magnitud 7,4 registrado en el occidente colombiano el 10 de agosto llegó aproximadamente al nivel VII.

Aunque las cifras parecen próximas, representan grados distintos de severidad y no deben confundirse con la magnitud de cada evento.

Intensidad de los terremotos: una medición diferente de la magnitud

El geólogo Feliciano De Santis explicó que los movimientos registrados en Venezuela alcanzaron una intensidad máxima de IX, mientras que el terremoto colombiano llegó a VII. La comparación resulta válida siempre que se aclare que esos números pertenecen a la escala de Mercalli Modificada y describen los efectos observados o estimados en la superficie.

La magnitud mide la energía liberada en el punto donde comienza la ruptura geológica. Los especialistas calculan ese valor mediante instrumentos que registran las ondas sísmicas. Por regla general, cada terremoto recibe una magnitud determinada, aunque las agencias pueden corregirla después de analizar más información.

La intensidad, por su parte, indica la fuerza con la que la población sintió el movimiento en una zona específica, además de sus consecuencias sobre edificaciones, objetos, servicios públicos y terreno. Por esa razón, un mismo terremoto puede producir diferentes intensidades: una ciudad cercana al área de ruptura puede alcanzar VII o VIII, mientras que otra localidad más alejada puede registrar IV o V.

La escala de Mercalli Modificada utiliza números romanos desde I hasta XII. El nivel I corresponde a un movimiento que las personas no perciben y que solo detectan los instrumentos. En el otro extremo, el grado XII describe una devastación prácticamente total. Por tanto, no resulta apropiado hablar de “magnitud 9 en Mercalli” ni de “nueve grados de magnitud”. La expresión correcta es intensidad IX en la escala de Mercalli Modificada.

Los terremotos venezolanos del 24 de junio formaron una secuencia particularmente compleja. El primer movimiento alcanzó una magnitud aproximada de 7,2 y, menos de un minuto después, ocurrió otro de 7,5. Ambos se originaron a poca profundidad y afectaron zonas pobladas del centro-norte del país. Esa combinación generó una sacudida violenta cerca de las áreas más comprometidas.

En Colombia, el terremoto del 10 de agosto tuvo una magnitud de 7,4, según el Servicio Geológico de Estados Unidos. Su epicentro se localizó cerca de San José del Palmar y su foco quedó a unos 110 kilómetros de profundidad. El movimiento se sintió en una amplia extensión del territorio, pero la distancia entre el origen y la superficie redujo parte de su capacidad destructiva.

Característica Terremotos de Venezuela Terremoto de Colombia
Fecha 24 de junio de 2026 10 de agosto de 2026
Magnitud 7,2 y 7,5 Mw 7,4 Mw
Intensidad máxima estimada IX en Mercalli VII en Mercalli
Descripción de la intensidad Violenta Muy fuerte
Profundidad aproximada Entre 10 y 20 kilómetros 110 kilómetros
Alcance de la sacudida Fuerte impacto cerca de zonas pobladas Percepción en una región extensa
Potencial de daño superficial Muy elevado Menor frente a una magnitud semejante

La poca profundidad aumentó los efectos en Venezuela

La profundidad constituye una de las principales razones que explican la diferencia entre ambos casos. Cuando una ruptura ocurre cerca de la superficie, las ondas sísmicas recorren una distancia menor antes de llegar a ciudades, carreteras e instalaciones. En consecuencia, conservan una mayor capacidad para producir aceleraciones intensas y afectar construcciones vulnerables.

Los movimientos sísmicos venezolanos se originaron a una profundidad superficial, cercana a los 10 y 20 kilómetros, de acuerdo con las estimaciones divulgadas por distintos organismos. Además, los dos terremotos ocurrieron con pocos segundos de diferencia. La segunda ruptura encontró a la población, las edificaciones y los sistemas de emergencia bajo los efectos del primer impacto.

La intensidad IX recibe la descripción de “violenta” dentro de la escala de Mercalli Modificada. En ese nivel pueden producirse daños considerables incluso en estructuras diseñadas con criterios técnicos, mientras que los edificios vulnerables pueden sufrir afectaciones graves o colapsos. También pueden desplazarse construcciones sobre sus cimientos, romperse tuberías subterráneas y aparecer grietas visibles en el terreno.

Sin embargo, la intensidad IX no significa que toda Venezuela experimentó ese grado de sacudida. El valor representa la intensidad máxima estimada en los lugares más afectados. Otras ciudades y estados registraron niveles menores según su distancia, las condiciones del suelo, la topografía y la resistencia de las construcciones.

El terremoto colombiano también liberó una gran cantidad de energía, pero lo hizo a mayor profundidad. Sus ondas alcanzaron numerosas localidades y permitieron que habitantes de distintas zonas sintieran el movimiento. No obstante, el recorrido de aproximadamente 110 kilómetros hasta la superficie redujo las frecuencias más dañinas antes de que llegaran a las edificaciones.

El nivel VII de Mercalli corresponde a una intensidad “muy fuerte”. En esas condiciones, muchas personas sienten dificultad para permanecer de pie, algunos muebles cambian de posición y pueden registrarse daños moderados en estructuras frágiles. Las construcciones bien diseñadas suelen resistir mejor, aunque el comportamiento final depende de la calidad de los materiales, el mantenimiento y el tipo de suelo.

La cercanía al epicentro tampoco determina por sí sola el nivel de afectación. Los terrenos blandos pueden amplificar las ondas, mientras que las formaciones rocosas firmes suelen responder de otra manera. También influyen la duración del movimiento, la dirección de la ruptura y el tipo de ondas que alcanza cada localidad.

Magnitudes parecidas no garantizan consecuencias iguales

La comparación demuestra que la magnitud no permite calcular por sí sola el daño que ocasionará un terremoto. Venezuela registró eventos de 7,2 y 7,5, mientras Colombia enfrentó uno de 7,4. Desde el punto de vista energético, todos pertenecen a un rango elevado, pero sus efectos en superficie variaron de forma importante.

El doblete venezolano combinó varios factores desfavorables: escasa profundidad, proximidad a zonas urbanizadas, dos rupturas consecutivas y exposición de edificaciones vulnerables. Estos elementos llevaron la intensidad máxima hasta IX y provocaron una situación mucho más destructiva en las áreas cercanas.

En territorio colombiano, la profundidad ayudó a distribuir las ondas sobre una extensión mayor. La población percibió el movimiento en numerosos departamentos, pero la energía llegó más atenuada a la superficie. Por eso, la intensidad máxima estimada quedó alrededor de VII, a pesar de que la magnitud fue comparable con la de los terremotos venezolanos.

También conviene distinguir entre intensidad instrumental e intensidad reportada por los habitantes. Los organismos científicos elaboran mapas con aceleraciones registradas, modelos geológicos y testimonios de la población. A medida que reciben nuevos datos sobre daños, percepción y comportamiento de las estructuras, pueden modificar sus estimaciones iniciales.

Por ese motivo, los niveles IX para Venezuela y VII para Colombia deben presentarse como intensidades máximas estimadas. No representan un valor uniforme para todo el territorio de cada país ni describen exactamente lo que ocurrió en todas las localidades.

El análisis del geólogo resulta acertado al separar ambos conceptos. La magnitud informa cuánta energía liberó el terremoto, mientras que Mercalli describe la severidad de la sacudida en un lugar determinado. En términos sencillos, la primera permite conocer el tamaño físico del evento; la segunda ayuda a entender cómo afectó a las personas, las edificaciones y el terreno.

La comparación deja una lección importante para la prevención. Un terremoto profundo puede sentirse en una región extensa sin provocar en todas partes los mismos daños que causaría un movimiento superficial. Asimismo, un evento de menor magnitud puede resultar más perjudicial si ocurre cerca de una ciudad con suelos inestables o construcciones poco resistentes.

En conclusión, resulta correcto afirmar que los terremotos de Venezuela alcanzaron una intensidad máxima de IX en Mercalli y que el movimiento de Colombia llegó aproximadamente a VII. La diferencia no contradice sus magnitudes similares. Al contrario, evidencia cómo la profundidad, la ubicación, las condiciones del suelo y la vulnerabilidad de las estructuras determinan la fuerza con la que cada comunidad experimenta un terremoto.

El Venezolano NewsPaper

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